Salchichas y cerveza. Esta es la combinación de los paladares alemanes desde hace siglos. Se dice que existen 1,500 variedades de ella en toda Alemania. Y es que la salchicha es una de los productos que más se consumen. La salchicha viene del latín salsus, que significa salado o salteado, y fue una de las primeras formas que el hombre concibió para conservar los alimentos cuando había excedentes.
Hay referencias a las salchichas ya en La Odisea de Homero y se sabe que eran conocidas en las culturas china y caldea mucho antes de la Era Cristiana. Pero su gran desarrollo se produjo en Europa, donde se consumían en los festivales paganos. El cristianismo desaprobó su consumo. Cuando el emperador Constantino se convirtió al cristianismo, las salchichas fueron prohibidas en todo el Imperio Romano.
Pero el pueblo romano era un gran consumidor de embutidos y pronto comenzó el incontrolable tráfico y contrabando de ellas. Al no poder poner coto a este contrabando las legalizaron. En la Edad Media proliferaron y cada pueblo desarrolló alguna con identidad propia.
Mientras en la Europa septentrional, como por ejemplo en Alemania, se incorporó el proceso de ahumado a su fabricación, en la meridional surgió la llamada salchicha seca para evitar que las elevadas temperaturas la estropearan. De esta manera, cada salchicha es un compendio de una serie de factores culturales y ambientales de un pueblo o región concreta.
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