Los lagos alemanes son tan diversos como los paisajes que los rodean. Algunos son mundialmente conocidos, mientras que otros deben ser explorados antes para poder disfrutar de su belleza. Ya sean grandes o pequeños, verdes o azules, todos estos lagos tienen, sin embargo, muchas cosas en común: actividades acuáticas para divertirse, agua de calidad controlada, aire fresco y fascinantes paisajes naturales.
Todo eso se encuentra en el lago de Constanza, delante del paisaje que ofrecen los Alpes. Una parada obligatoria para todos aquéllos que visiten el “mar suabo” son sus tres islas. La isla de Mainau se llama también “la isla de las flores” por su exuberante hermosura floral. En la isla de Reichenau, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, encontrará las ruinas de una ciudad-monasterio antaño soberbia. Entre el 800 y el 1200, Reichenau era una de las cunas de la cultura occidental. Y Lindau es un paraíso magnífico para ir de compras y pasear por sus laberínticas callejuelas.
Los encantadores pueblos situados a orillas del lago de Constanza atraen a miles de visitantes. La romántica localidad de Meersburg, ubicada en un emplazamiento privilegiado, es una de las joyas del turismo europeo gracias a sus edificios históricos y sus laberínticos callejones.
Muy distinta, pero igualmente inolvidable, es la palpitante ciudad ferial de Friedrichshafen que alberga atracciones turísticas como el museo Zeppelin y su iglesia-fortaleza barroca del Rin, constituye un excelente punto de partida para hacer atractivas excursiones por la región.
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