Desde hace dos décadas, a partir de la reunificación de Alemania, Berlín se ha convertido en una audaz meca cultural para creativos que llegan buscando alquileres baratos y un escape del establishment.
Favorecida por el debilitamiento del euro respecto del dólar durante la crisis, los bajos costos de producción, los generosos subsidios y el prestigio cultural, la industria del cine de Berlín está en pleno auge y no son pocos los conocidos cineastas que han acudido a rodar en la capital alemana.
Directores de la talla de Quentin Tarantino y Roman Polanski tomaron la ciudad como escenario para éxitos como ‘Inglourious Basterds’ o ‘The Ghost Writer’, en tanto que talentos locales como Til Schweiger y Roland Emmerich abandonaron Hollywood para regresar y sumarse a la fiesta.
El tamaño de la industria cinematográfica de Berlín no puede competir con Hollywood pero lo suple con un prestigio reconocido con decenas de premios que incluyen un puñado de Oscars.
Berlín solía competir con Hollywood con films clásicos como ‘The Blue Angel’ y ‘Metrópolis’ la obra maestra de Fritz Lang, antes de que los nazis tomaran el poder en 1933, a partir de ahí la industria perdió gran parte de su talento y reputación, situación que desde hace unas décadas viene revirtiéndose.
El Fondo Federal Alemán para el desarrollo Cinematográfico (DFFF) creado en 2007 dio un importante espaldarazo a la industria cinematográfica de la ciudad; según palabras de Carl Woebcken, director ejecutivo de Babelsberg, el más antiguo complejo de estudios a gran escala, “Berlín cuenta con algunos factores de éxito claves: uno es la ciudad misma: la gente simplemente quiere estar en Berlín”.
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