El nombre de esta ciudad alemana dio la vuelta al planeta cuando, en 1709, John María Farina, se lo puso a su agua perfumada. Así nació el agua de Colonia. Entre los ilustres personajes, que pagaban una fortuna por el sofisticado producto, estaba Napoleón Bonaparte, quien se hizo diseñar unas botas de montar especiales para portar su fragancia favorita.
Empieza tu visita en la plaza de la Catedral, fácil de encontrar por las dos torres de la basílica, visibles desde cualquier punto de la ciudad. Aquí se encuentra la Oficina de Turismo, en la que te darán planos para moverte por la urbe, en metro y tranvía.
La Catedral (Dom) es el símbolo de la ciudad. La verás en la mayoría de postales y recuerdos de Colonia. Esta inmensa mole de piedra, construida en 1248 y ampliada varias veces, alberga las reliquias de los Reyes Magos, objeto que veneran cientos de fieles que cada año llegan hasta aquí desde toda Europa.
Si subes los 509 escalones de su torre Sur, disfrutarás de las vistas a casi 100 metros sobre el suelo. En la parte alta del campanario verás la campana más grande del mundo y a dos curiosos habitantes que controlan la población de palomas de la ciudad: los halcones Arnold y Agrippina (entrada a la torre y la sala del Tesoro: 5 €). Colonia, con su perfil plano y una extensa red de carriles-bici, está diseñada para moverse a pedales.
Alquila una en la Estación Central de Tren (5 €/3 horas y 10 €/día) y dirígete hacia la ribera del Rin (Rheingarten), lugar dónde los lugareños se relajan o disfrutan de un paseo con vistas al puente Hohenzollern.
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